domingo, 16 de junio de 2013

Anáforas horribles

Mi papá fue aquel que olvidó que la hora de salida del kinder era a las 11 a.m. y recordó que debía pasar por mí hasta la 1 de la tarde. Fue también quien no dejó de reclamarme por los cuatro años en que sentía una irreprimible necesidad de llorar cuando se acercaba la hora de salida de la escuela.

Mi papá seguirá siendo el hombre que sorprendí revolcando mi alcancía con forma de elefante, rebuscando moneditas de cien colones. El tipo aquel que me hizo creer, por allá en 1997, que unos kickers costaban los 50 mil colones que una niña había ahorrado durante toda su vida.

Mi papá era de aquellos que armaba un circuito en serie exageradamente espectacular para la maqueta de la escuela , o bien, cosía magistralmente la ropa para los cursos de diseño. Tal vez algún día le diga que será siempre es el mejor artesano que conocí.

Mi papá fue aquel que aseguró "nunca perdonarme" no haber entrado a la escuela de medicina, que me reprochará de por vida mi carrera sin futuro. A la vez, fue aquel que hace un par de años tomó mi certificado de "mejor promedio del Bachillerato en filología española" y recorrió todo el vecindario explicando que era la filología.

Mi papá será siempre aquel que criticará a gays, por anormales; a feministas, por locas; y a ateos, porque si no logra hacerme creer en dios no podrá sacarme del infierno. Nunca leerá mis artículos, así como nunca entendió como yo era la más feliz cada vez que me compraba los cuentos Hanna Barbera en edición de pasta dura.

Mi papá es aquel que regañó, gritó, echó e ignoró a amigos, parejas y compañeros de mi casa. El que me prohibió las fiestas de mi vida, los viajes a la playa de mi adolescencia y los road trips de mi juventud. Es probable que nunca se enteré cuantas veces me escapé y elegí como soudtrack de esos viajes las canciones de The Beach Boys y The Beatles que él me enseñó a disfrutar.

Mi padre es, pero nunca estuvo como un padre. Él me enseñó a dar sin esperar a cambio, porque de él, no puedo esperar nada. Gracias a él entendí que, a pesar de todo, quiero ser y estar, como una hija.

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