domingo, 27 de enero de 2013

La nave del olvido (y del recuerdo)

Me sacudo ante la inminencia de un año igual de apresurado que los precedentes. Creo que lo más aterrador de todo esto es el que mi propia identidad es la que se ha hecho asidua de las altas velocidades. Impetuosa, temperamental y espero que no irrefrenable. Hoy hace un año era una persona muy diferente. Me devaneo entre todo esto mientras ausculto entre los cuatro anaqueles barnizados que conforman mi biblioteca. Buscó un libro que un amigo me prestó y que yo nunca le devolví. Lo buscó porque debo indagar  en bibliotecas ajenas como parte de lo que llamaré, trabajo soñado. El libro fue escrito por esa persona  a la que le robare las memorias de lo leído.
Esto me hace pensar en el papel medular de los libros en mi vida: papel de bolero. Bailar como leer. Los libros son esas páginas pasadas y esas páginas por vivir, los libros que regalé, que me regalaron. Más aún: los libro son esa catarsis, esa huida y ese encuentro. Si leo a Woolf, a Tokien o estudios de neurobiología busco hacer comunión, formar intersecciones.
Veo los anaqueles que han vuelvo a llenarse y crecen a un ritmo aterrador. Me gustaría que esa velocidad con la que cambio (he cambiado) fuera  de crecimiento al igual que mi biblioteca. Releo los poemas del libro que nunca devolví y adquieren ese mágico re-significado de la re-lectura.
Debo buscar intersecciones con la mujer a la que voy a entrevistar y no es un trabajo difícil ya que es parte de esas personas maravillosas que han perdido muchísimo y lejos de recobrarlo han construido algo diferente propio y más maravilloso.
A mi biblioteca le pasó lo mismo; perdió casi la mitad de sus volúmenes y se ha armado de libros nuevos y páginas diferentes. La biblioteca sigue igual de herida, extraña textos artúricos, hermosas publicaciones sobre moda, la prosa completa que llegó al país en medio de alfajores. Probablemente los siga recordando y echando de menos cada tanto, pero logrará ser muchas cosas, apocalíptica e integrada, para empezar.

Y hoy, volví a escribir. Ahora sí, cuéntenme de sus bibliotecas que la mía también tiene perdidas y hallazgos que contar.
 

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