miércoles, 7 de octubre de 2009

Agosto y Cantata de Puentes Amarillos

Ensucien sus manos como siempre
Relojes se pudren en sus mentes ya
-Y lo cantó Pescado Rabioso alguna vez

Al fin los días que debieron ser lluviosos de julio se acaban y dan cabida a un mes torrencial para mí. Es no solo el mes en que cuelgo al fin (y feliz) el olvido detrás de la puerta, sino también estos los días en que el mundo me hecha un año más de vida...o bien me quita uno más -Por que he ahí una duda típica... ¿estaremos viviendo y muriendo día y día?

Es aún más urgente que retratar como no me baja esa ansiedad de saber que pronto y con muchísimo miedo me echaré dos décadas a cuestas, el abrir ese atisbo de recuerdos cuando los sombreros y las boas eras cosas diferentes.

Recuerdo a mi abuela. Recuedo la primera vez que hice algo que no le agradó. Me comí las tortillas antes de esperar que trajeran la natilla, ella me pegó en ambas manos y luego me hizo lavarmelas, restregarlas y restregarlas hasta que la mezcla de espuma, jabón y piel enrojecida, me hicieran llorar. Luego cerró el tubo y me dijo que con ello lavaba los pecados que había cometido y que si pensaba en todo lo aquello malo que había echo cuando lo hacía estos de lavaban también. Basta con decir que el resto de mi infancia fue lavarme las manos. Lo hacia una y otra vez hasta ver delgadito el jabón, hasta que se me hicieran pellejitos en las manos y empezara a temblar de frío. Llorando.Por más que lo hacía ese alivio no era más que momentáneo y la culpa volvía a pedirme que la lavara de una vez por todas sin agua, ni jabón...

Ahora solo m(t)e digo (a vos): Después de todo tú eres,tu única muralla...si no te saltas, nunca darás un sólo paso...

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