Parecerá extraña la relación entre la que probablemente sea la mejor película del 2011 y la novela cumbre de las letras españolas, pero es acá donde se puede hablar de que toda obra de arte realmente maravillosa dialoga con los mismos temas y mismos elementos.
Valentin es además un personaje quijotesco, que no ha leído novelas de caballería hasta perder la razón, sino que ha formado parte a tal nivel del cine mucho que ha perdido la palabra. Justamente, la palabra, el silencio, la voz, el ruido, son esos elementos que nos transportan de un nivel a otro de la meta ficción. La realidad de un mundo donde el cine sonoro es el futuro y la fantasía el mundo del cine mudo. La solución es al final la misma, ya sea mucho o no, en el cine lo que manda es la imagen, la imagen en movimiento y tenemos como símbolo (metáfora) la imagen en movimiento por excelencia: el baile.
Más allá que una simple película, El Artista, es un texto que no habla, sobre el cine que no habla, en una época en la que, donde quiera que se mire, se habla demasiado.

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