lunes, 21 de febrero de 2011

Qué diría Ángel Rama de esto

Hace algunos años en algún rincón olvidado donde a algunos especuladores se aprovechaban de una vía de paso, de una gran civilización a otra, se montó una cuidad, en latitudes donde parece que nunca va a terminar de llover o caso contrario, el sol tuesta todo, hasta los pensamientosde la gente.

Y no solo se alegraron con crearlo, establecieron unos edificios, los más pretenciosos que sus billeteras cafetaleras pudieran crear, un teatro donde solo entraba un porcentaje de la población, pero vaya que era maravilloso. Un colegio para las señoritas decentes, un colegio para los muchachos decentes, un correo enorme y atiborrado de decorados y un club para reunirse a hablar del café. Era una ciudad, una ciudad letrada como todas las latinoamericanas al fin y al cabo. El tiempo de la civilización había llegado.

Ese país se continuó recreado y revolcando en sus propias ilusiones, un país sin ejercito, con inversión en educación y salud y una vida perfecta, casi tanto como la de una familia gringa de los años 50's y bla y bla y bla y bla.

Ciudad bonita sí, eso debió ser San José alguna vez. Basta ver las fachadas resquebrajandose poco a poco al paso del tiempo , albergando turistas con cara de desubicados, otros con cara de pervertidos. Gente corriendo a su casa, gente corriendo al trabajo. Gente vendiendo tiliches. Museos desolados, galerías y cafés olvidados. Donde es imposible conseguir un buen lugar para leer un domingo, para pasar en familia un día sin que ello implique papitas fritas a 550 col. o hamburguesitas de 1000.

¿Y la gente? Bueno, los "creadores" cometieron el peor error posible, educar sin historia, sin conciencia de quien se es y por que se es. No me refiero a la mucha gente, si no a "la" gente, los hijos de esa gente que construyó esa cuidad y que en los años 70 la sentenció al olvido, al desprecio y a destruirla a pedazos. Como ratitas en una jaula, con ventanales y locales, cafés de mentiras, restaurantes de mentiras, cines de mentiras. En un mall.

Y ahora alarmados todos, que la inseguridad, que la suciedad, que el tránsito. Pero es nuestra culpa, de nosotros y nuestra falta de historia. Por que Costa Rica es el país de los simulacros, el país que se vive y se aborda en un carro (o presa) y en un mall. Así tan light.

Tan Kitsch.


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