martes, 4 de agosto de 2009

Oléo de una mujer...sin sombrero

Hoy tuve la primera clase de dibujo del semestre, después de leer el programa del curso y la desmesurada cantidad de tarea para la próxima clase me vi en la necesidad de reavivar mi fervor filológico y esas invocaciones al lenguaje, tanto así que termine repasando mis latínes olvidados e interrumpidos hasta llegar, por curiosidad, a semi-leer y continuar leyendo ars amandi o el arte de amar, de Ovidio.
La intrascendencia de está sinopsis de mi día no es más que el recuerdo leve de más de un fantasma cobarde -por ahí, por aquí, por allá-, así como el trasiego de cariño que se desparrama cada tarde, por el teclado de mi computadora, los asientos del bus o el que se queda entre las fibras de mi cobija peluda.
El consuelo de tontos es que de todas las cobijas de personas desperdiciando amor en el mundo se escurrírian cariños y cariños, un poco putrefactas (eso si) por soledades y soledades.

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