jueves, 23 de julio de 2009

Cosas de la Avenida Central


Sin utopía la vida sería un ensayo
para la muerte.
-Y lo canto Serrat alguna vez.



Es tan solo mirar con ojos de desconsuelo las primeras gotas que caen por la ventana del bus, poner las manitas como niño en ventana y caer en la cuenta que en medio de un rincón perdido del tropicodecancerydecapricornio se me olvido el paraguas de florcitas que compre el día en que la vendedora me dio un vaso de agua para cerrar esas aberturitas tan insignificantes que sacaban agua y agua salada casi como por arte de magia.
Es tan solo caminar rápido con ojos de loca, sosteniendo mi bolso amarillo cual si me lo fueran a robar a la vuelta de la esquina y tirarme a la calle, hasta que con un pitazo de más y una risita tonta de mi parte, recordar que esta no es mi provincia y que aquí la gente espera masomenos pacientemente a que los automóviles no les quede más opción que darte campo.
Es tan solo notar que mi pie cabe en un adoquinylatercerapartedeotro, pasar por lo techitos, pegar con la gente, todo sea por evitar la lluvia. Reventar en un ataque de tos, estornudos, restregarse los mocos haciendo la mayor bulla posible, que todos te vean con cara de pavor.
Es que después la nena me de una calcomanía de una camiseta diminuta con un "I love París". Y reír. Tan solo por un día poner los ojitos ante la grandeza de mi realidad tan pequeñita y entender como simplemente cada día acomodo todo un mundo para que este se me acomode a mí.
Como yo viajaría a París solo por los cementerios, ser consciente de que hay cementerios en cada rincón y como en más de uno los muertos mueven las patas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pos si, muertos moviendo las patas, pateando a todo aquel que quieran patear,
reafirmando su condicion de muertos y pretendiendo que el vivo caiga en la tumba a patear

Muertos, vivos, muertos, muertos y más muertos

Anónimo dijo...

Es increible ver como lo cotidiano de una ciudad (si asi podemos llamarle) tan pequeña, puede acosarnos. Pero más allá del acoso conozco que el corazón del poeta se mueve con lo que nadie ve, con el agua que la gente no siente, con "el puesto" que la gente ignora y con la gripe que los ocupados toleran...¿Toleramos?

En fin... más que el corazón de un poeta, conozco o al menos intento conocer, el de mi amiga... Y es genial que sus palabras, sus pequeñas- grandes locuras siempre me den tanto.

Q más puedo decir, tal vez lo que más nos une es esa a-venida en la que nos encontramos. Donde no del todo el dolor ajeno deja de ser propio y en donde un carro (como posible motivo de muerte) no deja de ser razón para reír.

Y así la vida nos ha enseñado a ser gigantes con escarpines.

A mi más grande domesticada le agradezco no su escrito, sino la esencia de su vida y esa capacidad de compartirla con los demás.

¡Gracias por domesticarme alguna vez!

Te quiero muchisimo mi domesticada.

Con cariño:

La domesticada. (Al otro lado de la A-venida)

 

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